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"Modelos Mentales de los Gerentes Excepcionales " |
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Ningún
gerente puede hacer productivo a un empleado.
Los gerentes son catalizadores. Pueden acelerar
la reacción entre el talento del empleado
y las necesidades de los clientes/la compañía.
Pueden ayudar al empleado a encontrar el camino
de menor resistencia hacia sus metas. Pueden
ayudarlo a planificar su carrera. Pero no pueden
hacer nada de esto sin un esfuerzo considerable
del empleado. En el mundo, según los
grandes gerentes, el empleado es la estrella.
El gerente es el agente. Y, lo mismo que en
el mundo de las artes escénicas, el agente
espera mucho de sus estrellas.
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Estas líneas, que a continuación leerán,
pretenden resumir las ideas más significativas
de la mentalidad de los gerentes que están marcando
pauta, en los negocios de talla mundial, y del reto de
la topología del tipo de trabajador que está
demandando la industria del III Milenio. Este ensayo,
basado en el libro “Primero, rompa todas las reglas”,
está fundamentado en entrevistas de la Organización
Gallup a más de 80.000 gerentes en más de
400 empresas. Sus autores, Marcus Buckingham y Curt Coffman,
ofrecen a todos los gerentes de todos lo niveles lecciones
vitales sobre desempeño y desarrollo profesional.
He aquí algunas cosas que hacen los gerentes excepcionales
del nuevo milenio:
1.- Reconocen que cada persona tiene motivaciones
diferentes, que cada persona tiene su propia forma de
pensar y su propio estilo de relacionarse con los demás.
Saben que hay un límite para lo que pueden
hacer por cambiar a una persona. Pero no se lamentan de
esas diferencias ni tratan de eliminarlas. Lo que hacen
es aprovecharlas. Tratan de ayudar a cada quién
a ser más y más de lo que ya es.
El papel del gerente es penetrar en cada empleado para
liberar sus talentos singulares y transformarlos en desempeño.
Saben que no pueden obligar a todas las personas de un
determinado cargo a desempeñar su función
exactamente de la misma manera. Saben que no pueden limar
totalmente las diferencias de estilo, necesidad y motivación.
La forma más eficiente de convertir el talento
de una persona en desempeño es ayudar a esa persona
a encontrar su propio camino de menor resistencia hacia
los resultados esperados.
2.- Los gerentes excepcionales logran que las
personas hagan lo que desea cuando no se está presente
para decírselo a ellas. El gerente puede
creer que tiene más control que sus subalternos.
Cada empleado puede decidir lo que hace o deja de hacer.
Decide cómo, cuándo y quién. Para
bien o para mal, es el empleado quien hace que las cosas
sucedan.
Lo más difícil de ser gerente es darse cuenta
de que las personas no hacen las cosas de la misma manera
que lo haría uno. Pero es preciso acostumbrarse
a ello, porque cuando uno trata de obligarlas, ocurren
dos cosas. Se resisten, es decir, no quieren hacerlo,
y crean dependencia, o sea, no pueden hacerlo. Ninguna
de estas dos cosas demuestra ser muy productiva a la larga.
En su intento por obtener desempeño jamás
trate de perfeccionar a su gente. La tentación
puede ser muy grande, pero es preciso resistirla. Es una
falsa deidad. Lo que parece una panacea milagrosa es en
realidad una enfermedad que mengua la función,
degrada a la gente y debilita a la organización.
Es probable que George Bernard Shaw no haya estado de
muy buen humor cuando comentó: “El camino
al infierno está sembrado de buenas intenciones”.
Pero en lo que se refiere a los intentos por perfeccionar
a la gente, no estaba equivocado del todo. El desafío
de un gerente no está en perfeccionar a la gente
sino en aprovechar las características singulares
de cada quién.
3.- Los gerentes excepcionales tienen la capacidad
de descubrir, en detalle, los talentos
únicos de cada uno de sus empleados (aquello
que lo motiva, la manera como piensan, aquello que lo
diferencia, la forma como construye sus relaciones). Cada
persona tiene un conjunto único de talentos, un
patrón único de comportamiento, de pasiones
y anhelos. El patrón individual de talentos es
perdurable, resistente al cambio.
4.- Para ellos todo el mundo debe ser tratado
como una excepción. Cada empleado tiene
su propio filtro, su propia manera de interpretar el mundo
que le rodea. Por lo tanto cada empleado le exigirá
distintas cosas a su gerente.
¿Recuerda la regla de oro?. “Tratar
a los demás como querríamos ser tratados”.
Los gerentes excepcionales rompen la regla de oro todos
los días. Ellos dirían: “No
trates a los demás como tu querrías ser
tratado”. Lo que hacen es tratar a
cada persona como ella desea ser tratada teniendo presente
lo que cada quién es. Claro está que los
empleados deben obedecer ciertas normas de comportamiento,
ciertas reglas. Pero dentro de esas reglas, hay que tratar
a cada quién de manera diferente, de acuerdo con
sus necesidades particulares. ¿Cómo podría
llevar la cuenta de las necesidades únicas de cada
empleado?. Solución: “Preguntar”.
Preguntándole por sus metas, sueños, aspiraciones,
carrera. Converse con cada uno de ellos, sobre lo que
considere importante y clave, para luego, armar su tablero
de ajedrez.
5.- Los gerentes excepcionales pasan la mayor
parte de su tiempo con los empleados más productivos.
Invierten en los mejores. Cuando dedican tiempo a un empleado,
no es para corregir, arreglar o instruir. Lo que hacen
es devanarse los sesos tratando de encontrar formas cada
vez mejores de liberar los talentos especiales de cada
empleado. Es una excelente forma de aprender y la única
manera de mantener la mira fija en la excelencia.
6.- Recuerdan que están constantemente
en primer plano en el escenario. Recuerdan en
particular que cuanto menos atención presten a
los comportamientos productivos de sus superestrellas,
menos de esos comportamientos obtendrán.
7.- Si bien los gerentes excepcionales están
comprometidos con el concepto de “equidad”,
su definición es algo diferente de lo de los demás.
Para ellos “equidad” no significa tratar a
todo el mundo por igual. Ellos dirían que la única
forma de tratar a una persona equitativamente es haciéndolo
como se lo merece. Teniendo en cuenta lo que ha logrado.
El mal desempeño se debe enfrentar directamente,
para impedir que degenere en una situación peligrosamente
improductiva. Y debe enfrentarse sin dilación porque,
como en todas las enfermedades degenerativas, postergar
es el arte de tontos.
8.- Los gerentes excepcionales no buscan personas
fáciles de dirigir. Buscan personas con
el talento necesario para alanzar un nivel de talla mundial.
Por consiguiente, prefieren el desafío de tomar
a la persona talentosa y encaminarla hacia la productividad,
en lugar del desafío de tratar de inculcar talento
a la persona menos productiva.
9.- Puesto que la excelencia es el marco de referencia
que utilizan los grandes gerentes para evaluar el desempeño,
firmeza en el amor significa sencillamente que ese parámetro
no es negociable. Por consiguiente, en respuesta
a la pregunta “¿Cuál es el nivel en
el que se considera inaceptable el desempeño?,
estos gerentes responden: “En cualquier nivel que
se mantenga alrededor del promedio sin indicios de mejorar”.
En respuesta a la pregunta, “¿Cuándo
se puede decir que ha sido inaceptable demasiado tiempo?”,
los grandes gerentes responden: “Después
de poco tiempo”.
Los gerentes excepcionales no necesitan ocultar sus verdaderos
sentimientos. Comprenden que los talentos y los vacíos
de talento de la persona conforman un patrón permanente.
Saben que si tras retirar todos los obstáculos
para esquivar las faltas de talento el desempeño
del empleado no mejora, la explicación más
probable es que sus talentos no concuerdan con su función.
Para los grandes gerentes, un mal desempeño permanente
no es cuestión principalmente de debilidad, estupidez,
desobediencia o irrespeto. Es cuestión de un mal
reparto.
10.- El gerente excepcional se involucra en cuatro
papeles fundamentales, aprovechando las siguientes condiciones:
a.- Cuando seleccionan a
alguien, lo hacen con base en el talento….
no sencillamente a la experiencia, la inteligencia o la
determinación.
b.- Cuando establecen expectativas, definen los
resultados esperados… no los pasos indicados.
c.- Cuando motivan a alguien, se concentran en
las fortalezas… no en las debilidades.
d.- Cuando desarrollan a alguien, le ayudan a
encontrar la concordancia perfecta… no
sencillamente el siguiente peldaño de la escalera.
Juan Carlos Caramés Paz
Prof. Postgrado Universidad de Carabobo.
Prof. Postgrado y Pregrado Universidad Tecnológica
del Centro.
Fuente: www.liderazgoymercadeo.com
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